domingo, 29 de abril de 2012

21 días fumando porros Hecho por: Julia Montero Caro


  • ¿Qué te ha parecido el documental?
    Instructivo ya que alerta a las personas que no lo consumen de lo que les puede pasar si lo hacen. 
    - ¿Has aprendido algo nuevo? 
    Sí, los incovenientes tan graves que pueden causar los porros.
     ¿Quién da versiones diferentes del consumo de esta droga en el documental? 
    Las personas que llevan años fumando porros.
    - ¿Qué efectos tiene el consumo de porros? (a nivel físico, psicológico, en el cerebro, a largo plazo,...) 
    Suele cansar a la gente sin haber realizado esfuerzos físicos, tambien puede causar deficiencias mentales al cabo del tiempo.

    - Si tu fueras periodista, ¿aceptarías este trabajo? Arguméntalo.
    • Por una parte sí para ponerme en el lugar de esas personas y vivir esa esperiencia, pero por otra parte no ya que puede acabar convirtiendose en algo rutinario para mi.
      -  Busca en internet efectos perjudiciales de este consumo para añadirlos a los que hemos visto.
      Provoca pérdida de memoria, reduce el rendimiento y altera las capacidades cognitivas,
    también puede producir depresión, ansiedad, psicosis y, en el peor de los casos, esquizofrenia

      - ¿Crees que es una droga muy consumida por adolescentes que estudian ESO?
      Sí, ya que pueden hacer amistades nuevas que los inciten a consumir cannabis.

miércoles, 25 de abril de 2012

La heroína de Matagorda Hecho por: Julia Montero Caro

Agnes nació el 1 de junio de 1773 en Stirling (Escocia), en el seno de una familia humilde. Desde una edad muy temprana, se dedicó al servicio doméstico y, no obstante las circunstancias tan desfavorables en las que creció y la escasa educación recibida, manifestó amor por los libros y llegó a ser una excelente lectora. Cuando tenía alrededor de los quince años de edad, sus padres se trasladaron a Edimburgo, donde la joven continuó su actividad como asistenta en diversos hogares. Finalmente, entró a servir en casa del teniente Ivers, Intendente del Regimiento 94º (Scoth Brigade), que estaba acuartelado en el famoso castillo de la ciudad. Fue aquí donde conoció al cabo James Reston, bien educado, de apariencia atractiva y maneras agradables, con quien se desposó el 31 de marzo de 1795. Poco después de la boda, el 94º recibió la orden de embarcarse para las Indias Orientales; pero James, que pronto ascendió al grado de sargento, quedó en su país en el servicio de reclutamiento por espacio de trece años, durante los cuales nacieron del matrimonio ocho hijos, de los que sólo tres sobrevivieron y alcanzaron la edad madura.

En 1807, el Regimiento regresó a Gran Bretaña, y, posteriormente, fue destinado a servir en el extranjero. Cuando el 94º partió de Aberdeen hacia la isla de Jersey, la señora Reston acompañó a su esposo. Luego, cuando fue recibida la orden de embarcarse hacia Portugal, se ordenó que sólo seis mujeres por cada cien hombres pudiesen acompañar a sus maridos; lo que fue decidido mediante sorteo de unas papeletas que, proporcionalmente, contenían las expresiones 'to go', o 'not to go' escritas en las mismas. Pocos días después de la arribada a Lisboa, el 94º recibió la orden de partir para una expedición que se mantuvo en el mayor secreto, siendo transportado por mar a la Bahía de Cádiz, atendiendo a la demanda de ayuda que había efectuado la Regencia Española. Cuando la fuerza aliada desembarcó en febrero de 1810, los franceses ya eran dueños del territorio circundante, con la excepción de la Isla de León y Cádiz, que estaban bloqueadas por tierra. Al 94º le acompañaron el 79º Regimiento (Cameron Higlanders), el 2.º batallón del 87º Regimiento Irlandés (Royal Irish Fusileers), y dos compañías de la Artillería Real. La fuerza expedicionaria se halló al mando del mayor-general William Stewart, un militar querido y respetado. En días posteriores, estas unidades fueron reforzadas con otras procedentes de Gibraltar y Portugal, y también llegó el teniente-general Graham como comandante en jefe. Entonces, el mando aliado decidió reocupar el castillo de Matagorda que se había destruido en parte y abandonado ante el avance de las tropas napoleónicas. Para ello, se preparó una acción conjunta, consistente en un desembarco nocturno de fuerzas británicas apoyadas por fuerzas marítimas españolas; operación que se efectuó con las mayores precauciones para no alarmar a los franceses, y que culminó exitosamente. Cuando llegaron a la fortaleza, los nuevos ocupantes la encontraron con su fachada marítima completamente demolida, y con las otras más o menos en ruinas. La construcción a prueba de bombas la hallaron casi destruida, y en lo que quedaba no existía espacio para albergar siquiera la mitad de los hombres. La guarnición original estuvo formada por el capitán Archibald MacLaine, como comandante del fuerte, los alféreces Cannon y Scott, y 67 entre suboficiales y soldados, escogidos de entre los primeros de cada compañía del 94.º; 25 artilleros, al mando del teniente Brereton; 25 infantes de Marina; y 25 marineros, a las órdenes de George Dobson, guardiamarina del navío Invencible.




Siete semanas después de la arribada de las primeras tropas británicas procedentes de Lisboa, las mujeres y los niños que las acompañaban, y que habían permanecido en Portugal, recibieron la orden de juntarse a las mismas. Cuando la señora Reston llegó a Cádiz, supo que su marido había sido destacado para la defensa de la aislada posición de Matagorda, y decidió compartir con él los peligros. Solicitó un permiso para trasladarse al mismo, y lo obtuvo en unión de otras dos mujeres. Agnes llegó al fuerte llevando consigo a uno de sus hijos de cuatro años de edad. Y, como la posición, no contaba con alojamientos suficientes para toda la guarnición, ella se albergó en uno de los cobertizos que los soldados habían levantado junto a los parapetos.

Desde que comenzó el terrible ataque de la artillería francesa sobre Matagorda en la madrugada del 21 de abril de 1810, la señora Reston se condujo en medio del peligro con el mayor valor y el más encomiable coraje. Dejó a su hijo en la construcción a prueba de bombas, y se dedicó a ayudar al cirujano, trasladando a los heridos y curándolos; manifestando una actitud que fue descrita por todos los que fueron testigos como merecedora de la mayor alabanza. Cuando las bajas aumentaron y faltaron las vendas, ella hizo uso de su propia ropa y de la de su familia para confeccionarlas. En cierto momento, el cirujano ordenó a un tambor de la batería que trajese agua del pozo; pero el joven quedó paralizado por el miedo ante el horrible fuego enemigo. Sin dilación, la valerosa señora Reston se dirigió a sacar el agua y, cuando bajaba el cubo en el pozo, un disparo de cañón cortó la cuerda. Con una entereza enorme, la mujer demandó la ayuda de un marinero que se las arregló para recomponer la situación, y fue así como ella pudo regresar con el suministro demandado. Además de esta acción en la que demostró tanta valentía, colaboró con la tropa trasladando municiones y sacos de arena, que ayudó a colocar en las brechas abiertas por los disparos de la artillería napoleónica; animó a los hombres en la acción; y les suministró vino y agua durante el combate. Cuando del fuerte se sacaron a las mujeres y a los niños para ponerlos a salvo, Agnes decidió permanecer en el mismo y no salió hasta el último momento, cuando la situación llegó a ser insostenible y los sobrevivientes fueron retirados en los barcos de la flota. Otra muestra del dominio de sí misma, y de su intrepidez, lo dio la señora Reston cuando el fuerte dejó de disparar y los franceses hicieron avanzar una columna. En tan crítico momento, los británicos se aprestaron a recibir a la fuerza enemiga en sus posiciones de la arruinada fortaleza. Y allí se halló la Heroína de Matagorda, en primera línea y afrontando el peligro como los demás. En el momento del abandono, la señora Reston realizó otra manifestación de su valentía al recorrer por tres veces el interior del fuerte, para tomar las pertenencias de su marido y las suyas propias, en medio de los tiros y de la metralla del enemigo. Lo último que hizo fue ir a recoger a su hijo, que se hallaba en el edificio a prueba de bombas, trasladándolo con su cuerpo doblado para protegerlo del peligro. Al conocer el excepcional comportamiento de la mujer del sargento Reston, el teniente-general Graham la comparó con Agustina la de Aragón, expresando que si el valle de Zaragoza se enorgullecía de tener una heroína en esta guerra, igualmente podían hacerlo ya las montañas de Caledonia. Mas, a pesar de estos y otros elogios que le fueron dirigidos, Agnes no recibió gracia ni recompensa alguna por las acciones referidas.

Más tarde, el 94º regresó a Portugal, defendiendo las líneas fortificadas de Torres Vedras, y la señora Reston se reintegró a Escocia. Su marido no volvió a reunirse con su familia en Glasgow hasta enero de 1815. Cuando se retiró del servicio, después de más de veintidós años en activo, recibió una pequeña pensión de un chelín y diez peniques al día. Desgraciadamente, cuando el marido falleció en octubre de 1834, la pensión murió con él y su viuda se encontró en la mayor indigencia. De nuevo, Agnes tuvo que recurrir al servicio doméstico para sobrevivir, además de actuar, en ocasiones, como cuidadora de enfermos. Después de sufrir un accidente que lesionó su brazo derecho, hasta el punto de quedar inhabilitado para sus ocupaciones habituales, no le restó otro recurso que el proporcionado por el asilo o Casa de los Pobres; pero, gracias a la intercesión de algunos amigos, el 12 de octubre de 1835, la Heroína de Matagorda fue ingresada en el Hospital de la ciudad de Glasgow, más en calidad de cuidadora de enfermos que de mendiga.

En 1843, un periodista del Glasgow Citizen visitó ocasionalmente el centro donde conoció a la señora Reston, quien le narró los acontecimientos ocurridos en la defensa del fuerte de Matagorda, que él publicó en su periódico del 12 de agosto. El 5 de septiembre siguiente, el prestigioso The Times de Londres recogió noticias sobre la heroína, que volvieron a aparecer en el mismo hasta en siete ocasiones más entre los años 1843 y 1844. Los lectores quedaron gratamente sorprendidos al conocer su hazaña. Se solicitó al Gobierno una pensión para que pudiese pasar el resto de su vida sin dificultades económicas; pero la contestación fue negativa, alegándose que no existían fondos previstos para tal fin. Seguidamente, y por iniciativa privada, fue abierta una suscripción pública. Entre las aportaciones figuraron las de la Reina Victoria y la Reina viuda Adelaida; si bien, la mayor parte de las mismas fueron efectuadas por militares retirados, en particular por oficiales del Regimiento en el que había servido su marido. Con el capital recolectado, se le aseguró una renta vitalicia de treinta libras al año, lo que le hubiera permitido llevar una vida independiente. Sin embargo, ella prefirió permanecer en el hospital, abonando los gastos de su manutención y alojamiento. Aquella señora de baja estatura, figura menuda, finas facciones, modales dignos, y excelente memoria, recordó durante su dilatada vida las actuaciones que protagonizó en la bahía gaditana en abril de 1810. Falleció el 24 de diciembre de 1856, y la noticia de su desaparición fue publicada en el Glasgow Herald dos días más tarde, cuando fue enterrada.

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TAREA VIERNES 27 DE ABRIL

Hola,

Nos quedan diez minutos del documental "21 días fumando porros". Para el viernes 27 debéis realizar el siguiente trabajo y colgarlo en el blog:

- ¿Qué te ha parecido el documental?

- ¿Has aprendido algo nuevo?

- ¿Quién da versiones diferentes del consumo de esta droga en el documental?

- ¿Qué efectos tiene el consumo de porros? (a nivel físico, psicológico, en el cerebro, a largo plazo,...)

- Si tu fueras periodista, ¿aceptarías este trabajo? Arguméntalo.

-  Busca en internet efectos perjudiciales de este consumo para añadirlos a los que hemos visto.

- ¿Crees que es una droga muy consumida por adolescentes que estudian ESO?

Muchas gracias, un saludo. 

viernes, 20 de abril de 2012

hecho por sheila blanco


Enlace.



Y esta otra trata sobre varias víctimas y explica como murieron y que les pasó.


Por último, esta página trata sobre las parejas que sufren violencia de género.

http://radio.rpp.com.pe/confidencias/uniones-peligrosas-de-pareja-cuando-el-amor-es-sufrimiento/



hecho por sheila blanco


Maltrata a su mujer porque bebe.
No
Tienen libertad para hacer lo que quieran
Algo habrá hecho por lo que le pegó su marido.
No
Haga lo que haga no debe ser agredidas
La violaron por que provocó con su forma de vestir.
Si
Cada una puede vestir de la forma que le de la gana
El maltrato se da en familias de clase baja o poca educacion.
Si
Se puede dar en todo tipo de familias
Lo que ocurre en una pareja es cosa de ellos.
SI
Si quieren si pero pueden buscar ayuda
Los hombres son tan agredidos como las mujeres.
No
No es asi pero se dan algunos casos
Algunas mujeres tienen la culpa del maltrato que reciben por separarse.
SI
Pueden separarse es su desicion

Agnes Reston,la heroína de Puerto Real,por Manuel Fluja

El 21 de abril de 1810, las fuerzas francesas efectuaron muchísimos disparos sobre el fuerte de Matagorda. De ellos, 902 eran bombas de mortero y 56, granadas con obuses. Durante los dos días de ataque, el contingente aliado sufrió 73 bajas. Las fuerzas francesas, 34.

Una mujer,llamada Acnes Reston,que no era de nacionalidad española,fue capaz de entrar en el fuerte y ayudar a los puertorrealeños.Los curó y ayudó a que los hombres de Puerto Real,que lo cual provocó que los Franceses se retiran.

Así,Acnes Reston,se convirtió en una de las personas más importantes de Puerto Real.

hecho por sheila blanco

martes 17 de mayo de 2011

LA HEROÍNA DE MATAGORDA

En estos días se está hablando de la famosa Heroína de Matagorda, con motivo de los distintos actos que se están llevando a cabo en la Bahía de Cádiz, por eso vamos a relatar en breve espacio un poco de lo que fue la actuación de esta mujer en Puerto Real. 


AGNES RESTON.


Después de haber luchado los puertorrealeños contra las tropas francesas en el Puente de Zuazo defendiendo el lugar para que los franceses no pudiesen invadir nuestro territorio, ante la superioridad numérica del ejército de Napoleón, no tuvieron más remedio que retirarse y el día 4 de Febrero de 1810 llegan los franceses a Puerto Real, encontrándose con un casco urbano casi abandonado.
En el castillo de Matagorda estaba casi derruida la muralla que daba al mar y los franceses despistados no ocupan este fuerte en esos momentos, lo que da lugar a que el general británico William Stewart, que se hallaba en Cádiz para defender a nuestro país, aproveche la ocasión y, en la oscuridad de la noche, establezca un contingente de 88 hombres al mando del capitán Archibald Maclaine, que sitúa varias piezas de artillería.
Poco a poco fueron llegando más soldados y personal, consiguiendo una dotación total de 150, más unas embarcaciones cañoneras menores y el navío español San Francisco de Paula.
En la madrugada del día 21 de Abril comenzó el bombardeo del castillo por un contingente de 8.000 soldados franceses. El navío y las pequeñas embarcaciones tuvieron que retirarse por los daños causados por la artillería.  El castillo comenzó resistiendo gracias a la pericia del teniente inglés Brereton, pero la supremacía francesa era tan evidente que hace imposible mantener el castillo. Las bombas producen fuego y hacen que se propague, destruyendo los cobertizos del personal. La derrota se veía inmediata por lo que hubo que preparar la evacuación y esta se hizo a las 10 de la mañana del día 22 de Abril.
Los soldados, después de destruir la artillería y lo que pudieron del fuerte, fueron transportados en botes, llevados al navío inglés Invincible y trasladados a Cádiz. Hubo 8 muertos y 19 heridos.
En esta actuación heróica se distinguió una mujer, la escocesa Agnes Reston, llamada la Heroína de Matagorda que tuvo el valor de acompañar a su marido el sargento James Reston. Ella atendía a los heridos, cargaba munición, suministraba la comida y agua y fue una de las últimas personas que abandonó el castillo con su hijo en brazos.
Su heroicidad fue muy reconocida en Inglaterra donde se le hizo un homenaje con una colecta popular para que pudiese pasar su vida sin apuros económicos.